miércoles, 16 de abril de 2014

La cruz en el pecho y el diablo en los hechos

Durante la Semana Santa, cristianos de diversas denominaciones recuerdan la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Lo hacen a través de procesiones, asistiendo a la iglesia (quizá la única vez en el año que lo hacen), renunciando a comer carne (también quizá la única vez en el año) y prometiendo (algunos) ser mejores seres humanos con su prójimo.
No hablaré de cómo la Semana Santa se ha tornado en otra lamentable excusa para comerciar y hacer y deshacer, como prueban los spring breakers que cada año retacan playas estadounidenses y de otras partes del mundo no precisamente para rezar o visitar las Siete Estaciones.
En mi querido Puerto Rico las procesiones compiten por atención con las rebajas de primavera o los bailes de Sábado de Gloria.
Pero a lo que voy.
En Semana Santa y el resto del año hay personas que cuando menos son sinceras y no van navegando con bandera de moralistas y defensores de los valores familiares, como hace la inmensa mayoría de los políticos.

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